viernes, 23 de enero de 2026

Hallens Comet



Parte I COMETA HALLEN

I El Augurio de Cristal

La vida de Nami y la llegada del cometa a su mundo original.

II El Velo Desgarrado

El proceso de transporte y el primer encuentro con el dragón (Aethelgard).

III La Ciudad del Eco

Exploración de las ruinas que se ven en la imagen y el despertar de su magia.

IV

El Trono de los Siete Vientos

El conflicto principal: una sombra que busca devorar la luz del cometa.

V

La Batalla sobre los Picos Celestiales

Nami montando a Aethelgard (la escena de la portada).

Parte II COMETA HALLEN

Contenido Sugerido

I El Augurio de Cristal

La vida de Nami y la llegada del cometa a su mundo original.

II El Velo Desgarrado

El proceso de transporte y el primer encuentro con el dragón (Aethelgard).

III La Ciudad del Eco

Exploración de las ruinas que se ven en la imagen y el despertar de su magia.

IV

El Trono de los Siete Vientos

El conflicto principal: una sombra que busca devorar la luz del cometa.

V

La Batalla sobre los Picos Celestiales

Nami montando a Aethelgard (la escena de la portada).

Prólogo El Fuego que no Quema

El cielo de Aethelgard no conocía la oscuridad total, pero esa noche, el firmamento decidió sangrar luz. El Cometa Hallen no era un visitante frecuente; aparecía cada trescientos años, justo cuando las barreras entre las dimensiones se volvían tan delgadas como el ala de una mariposa.

En la aldea de Nami, los relojes de arena se detuvieron. Ella no era una guerrera, ni una princesa de linaje olvidado. Era, simplemente, una joven con una marca de nacimiento en forma de estrella en su hombro derecho. Cuando la cola del cometa rozó la atmósfera, el aire se volvió frío como el hielo y dulce como la ambrosía.

"No corras, Nami," susurró el viento con la voz de su abuela fallecida. "El destino no se persigue, se acepta."

Nami no corrió. Extendió la mano hacia el destello azulado. En el momento en que sus dedos tocaron la luz, el mundo de madera y tierra desapareció, siendo reemplazado por la inmensidad de un reino de picos flotantes y castillos de obsidiana.

El aire crepitaba con una energía inusual, un zumbido que se sentía en los huesos y anunciaba la inminente llegada. El Cometa Hallen, una leyenda susurrada en los cuentos de cuna, no era solo una luz en el cielo, sino un catalizador, un portal entre mundos, o al menos eso decían los ancianos.

Nami, con sus ojos grandes y expresivos, y su cabello oscuro como la noche más profunda, había crecido escuchando esas historias. No creía en ellas, no realmente, no en el sentido de que un cometa pudiera traerla de un lugar a otro. Su vida había sido sencilla, llena de risas y el calor de su hogar.

Pero la noche en que el Cometa Hallen pintó el cielo con su cola esmeralda y violeta, algo cambió. Nami estaba en la cima de la colina, observando el espectáculo junto a los demás habitantes de su aldea. La luz del cometa no era solo un resplandor distante; era una vibración que resonaba con algo profundo dentro de ella.

Mientras el cometa alcanzaba su punto más brillante, una oleada de energía la envolvió. No fue un destello cegador, sino una suave niebla luminosa que la levantó del suelo, separándola de los gritos de asombro de su gente. No sintió miedo, solo una extraña sensación de pertenencia, como si esa luz la estuviera llamando a casa.

Cuando la niebla se disipó, Nami no estaba en la colina. El aire era denso, metálico, y el suelo bajo sus pies era una superficie irregular de rocas y polvo. Miró hacia el cielo, y el

Cometa Hallen seguía allí, pero ahora parecía infinitamente más grande, un titán majestuoso que dominaba la negrura.

No había árboles, ni casas, solo un vasto paisaje lunar salpicado de extrañas formaciones cristalinas que pulsaban con una luz interna. Se dio cuenta de que no estaba en su mundo, ni siquiera en su planeta. El Cometa Hallen la había llevado a un lugar lejano, un asteroide errante o quizás una luna olvidada.

El pánico debería haberla invadido, pero en su lugar, Nami sintió una extraña curiosidad. La misma energía que la había traído hasta aquí parecía infundirle una calma inquebrantable. A lo lejos, una estructura imponente se alzaba en la oscuridad, con sus agujas afiladas perforando el vacío. Era una ciudad, o lo que quedaba de ella, hecha de un material brillante que reflejaba la luz del cometa.

A sus pies, una voz grave y resonante se alzó, no con palabras, sino con un sentimiento telepático. Una criatura se acercaba desde las sombras, grande y majestuosa, con escamas que brillaban bajo la luz del cometa. Era un dragón, no como los de los cuentos, sino uno de carne y hueso, con ojos sabios que la observaban con una mezcla de curiosidad y reconocimiento.

El dragón inclinó su enorme cabeza, y Nami entendió. El Cometa Hallen no solo la había transportado; la había elegido. La había traído a este mundo olvidado, en el momento preciso de su alineación, para un propósito que aún no comprendía. Con cada respiración, Nami sentía una fuerza nueva crecer en su interior, la promesa de una aventura épica que apenas comenzaba. La era del Cometa Hallen no era el fin, sino el principio de su verdadera historia.

Capítulo 1 El Despertar en la Roca Eterna

Nami abrió los ojos sobre un suelo que vibraba. No era tierra, era cuarzo puro. Frente a ella, la ciudad de Lysanthir se alzaba como un desafío a la gravedad. El Cometa Hallen colgaba estático sobre ella, alimentando con su energía las torres de la ciudad.

Fue entonces cuando lo vio. Un dragón de escamas color medianoche, con ojos que contenían la sabiduría de mil soles. —Has tardado tres siglos en llegar, Portadora —dijo la bestia, cuya voz resonaba directamente en la mente de Nami—. Mi nombre es Valthor, y soy el último de los Guardianes del Cometa.

Nami miró su ropa. Ya no llevaba su túnica de aldeana. Una armadura de placas oscuras, ligera como la seda pero dura como el diamante, cubría su cuerpo. En su mano derecha, un cetro coronado con una gema de cristal palpitaba al ritmo de su propio corazón.

—¿Por qué yo? —logró articular Nami. —Porque tú no vienes de este mundo, ni del anterior —respondió Valthor extendiendo sus alas—. Eres la chispa que Hallen dejó atrás para que el frío no consumiera este reino. Sube, Nami. El tiempo es un lujo que ya no poseemos.

Capítulo 2 El Idioma de las Estrellas

El ascenso sobre el lomo de Valthor fue un torbellino de sensaciones. Nami se aferraba a las placas óseas del cuello del dragón mientras el viento gélido de las alturas intentaba arrancarla de su montura. Debajo, las nubes se abrieron para revelar el Reino de Astrea, un archipiélago de islas flotantes conectadas por puentes de luz sólida.

—¡No mires hacia abajo, Portadora! —rugió la voz de Valthor en su mente—. Mira hacia el báculo. Él es tu ancla en este mundo.

Nami bajó la vista hacia el cetro. La gema en la punta no era una piedra preciosa común; era un fragmento del núcleo del Cometa Hallen. Al tacto, el metal del báculo estaba caliente, casi febril.

El Primer Destello

Llegaron a un risco apartado, lejos de la ciudad de Lysanthir. Valthor aterrizó con la elegancia de un gato a pesar de su inmenso tamaño. Nami descendió, sus botas de acero chocando contra el cristal con un eco musical.

—Este mundo se está muriendo, Nami —dijo el dragón, transformando su pupila en una rendija dorada—. Desde que el Cometa Hallen se estancó en el cielo, el tiempo se ha congelado. Las cosechas no crecen, los niños no nacen y las sombras de los antiguos reyes han comenzado a reclamar las calles.

—Yo no sé luchar —confesó Nami, mirando sus manos enguantadas—. En mi hogar, yo solo... yo solo cuidaba el fuego de la forja de mi padre.

Valthor soltó un bufido que exhaló chispas azules. —¿Y qué crees que es la magia, sino el fuego de la forja del universo? Inténtalo. Imagina que el báculo es el fuelle y tu voluntad es el carbón.

Nami cerró los ojos. Recordó el calor de la fragua de su padre, el olor a hierro y sudor. Visualizó una chispa, una pequeña mota de luz que se negaba a morir. De repente, el báculo en su mano comenzó a vibrar con una intensidad violenta. Un rayo de luz blanca pura salió disparado de la gema, impactando contra una roca cercana y convirtiéndola instantáneamente en polvo estelar.

Nami retrocedió, asustada por su propia fuerza. —Eso fue... —empezó a decir. —Eso fue solo un susurro —interrumpió Valthor—. Pero el Rey de las Sombras, aquel que habita en el corazón de Lysanthir, lo ha sentido. Ahora sabe que la llama ha vuelto.

Capítulo 3 La Sombra del Rey Caído

Mientras Nami practicaba, el cielo comenzó a oscurecerse, pero no de una forma natural. Unas manchas negras, como tinta derramada en agua, empezaron a devorar la cola luminosa del Cometa Hallen.

—Están aquí —siseó Valthor, desplegando sus alas—. Los Sin Rostro.

Del horizonte surgieron figuras etéreas, jinetes montados en bestias aladas hechas de humo y rencor. Eran los heraldos del Rey de las Sombras, enviados para apagar la luz de la Portadora antes de que pudiera reclamar su trono.

Nami sintió que el miedo la paralizaba, pero entonces, la marca en su hombro comenzó a arder. No era un dolor insoportable, sino una llamada a la acción.

—¡Valthor! —gritó ella, montando de un salto—. ¡Si quieren mi luz, tendrán que alcanzarme primero!

Capítulo 4 El Vuelo de la Justicia

El cielo, antes un manto de colores neón gracias al Cometa Hallen, se volvió espeso y aceitoso. Los Sin Rostro no emitían sonidos de respiración, solo un siseo metálico que recordaba al roce de mil cuchillas. Eran seis jinetes, y sus monturas de humo cerraban el círculo alrededor de Nami y Valthor.

—¡Mantente firme, Nami! —rugió Valthor, batiendo sus alas con tanta fuerza que creó ráfagas de viento capaces de desviar flechas—. ¡El miedo es su alimento, no les des de comer!

Nami apretó los dientes. Sus dedos, entumecidos por el frío de la altitud, se cerraron con fuerza alrededor del báculo de cristal. De repente, el primer jinete se lanzó en picado. No portaba una espada física, sino un látigo de oscuridad pura que buscaba el cuello de la joven.

La Primera Chispa de Combate

—¡Ahora! —gritó Valthor.

Nami no pensó, simplemente reaccionó. Recordó la sensación de la forja, pero esta vez no buscó una chispa suave, sino una explosión. Gritó una palabra en un idioma que no sabía que conocía: “¡Lux-Aeterna!”.

Del báculo brotó una onda de choque de luz azulada. El impacto no solo desvió el látigo, sino que disolvió la forma física del primer Sin Rostro, convirtiéndolo en jirones de niebla inofensiva. Sin embargo, los otros cinco no retrocedieron; se coordinaron para atacar desde todos los ángulos.

"El cielo no es un campo de batalla, es una danza," le había dicho su padre una vez mientras observaba a los pájaros. Nami finalmente lo entendió.

Una Maniobra Desesperada

Valthor realizó un giro de 360 grados, permitiendo que Nami quedara boca abajo por un instante. En ese segundo de ingravidez, ella apuntó su báculo hacia el suelo y disparó un rayo continuo. El impulso no solo golpeó a dos perseguidores, sino que propulsó al dragón a una velocidad que rompía la barrera del sonido.

Las nubes se desgarraron a su paso. Nami sentía la adrenalina quemando en sus venas. Ya no era la chica que cuidaba el fuego; era el fuego mismo.

—¡Mira hacia el frente! —advirtió Valthor mentalmente—. ¡La Ciudad de Lysanthir está activando sus defensas de sombra!

Desde las torres de la ciudad que vimos en la imagen, grandes lanzas de energía oscura comenzaron a surcar el aire. El Rey de las Sombras no estaba dispuesto a dejar que la Portadora tocara tierra firme.

Capítulo 5 Las Ruinas de la Memoria

Lograron burlar a los jinetes restantes refugiándose en los cañones de las islas flotantes. Valthor aterrizó pesadamente en una plaza abandonada de la zona baja de Lysanthir. Las estatuas de antiguos héroes estaban decapitadas, y el silencio era tan pesado que dolía.

Nami descendió de la montura, su armadura ahora manchada con el hollín de la batalla. Al tocar el suelo, una visión la asaltó: Vio la misma plaza llena de gente, niños corriendo, y a ella misma... pero no como es ahora. Se vio vistiendo túnicas reales, entregando el báculo a un joven dragón que resultó ser Valthor.

—Tú estuviste aquí antes, Nami —dijo Valthor suavemente, volviendo a su forma más pequeña para ahorrar energía—. Este no es tu viaje de ida. Es tu regreso.

Nami caminó hacia una pared de cristal donde aún se leía una inscripción en el antiguo idioma de las estrellas:

"Aquel que nace del Cometa, regresará cuando la luz se apague para encender el último sol."

Capítulo 6 El Laberinto de los Susurros

Nami se despidió de Valthor en la entrada de las catacumbas. El dragón era demasiado grande para los pasillos de cristal que se hundían en las raíces de la ciudad.

—Recuerda, Nami —dijo Valthor, su aliento cálido en medio del frío sepulcral—, en la oscuridad, el báculo no solo ilumina el camino, ilumina tu verdad. No escuches las voces de las sombras; ellas solo repiten tus miedos.

Nami se internó en el pasadizo. Las paredes de cuarzo estaban grabadas con la historia de Astrea. A medida que descendía, el silencio se rompió por un susurro constante, como el roce de seda sobre piedra.

El Encuentro con el Espejo de Sombras

En el centro de la gran cámara subterránea, Nami encontró un pedestal que sostenía la Gema del Tiempo. Sin embargo, antes de tocarla, su propia sombra se desprendió del suelo. La figura oscura tomó la forma de Nami, pero con ojos vacíos y una sonrisa cruel.

—¿Crees que puedes salvarnos? —susurró la sombra—. Solo eres una niña que jugaba con carbón. Este mundo ya está muerto, y tú eres solo un eco que se niega a desaparecer.

Nami levantó su báculo. La gema de la punta comenzó a brillar con un tono violeta intenso. No atacó con violencia; cerró los ojos y recordó el calor de su hogar, aceptando que el miedo era parte de ella, pero no su dueña. La luz se expandió suavemente, y la sombra, al ser abrazada por la claridad, se fundió de nuevo con sus pies.

Capítulo 7 El Aliado Inesperado

Cuando Nami emergió de las catacumbas con la Gema del Tiempo, se encontró con una sorpresa. Valthor no estaba solo. Frente a él, un caballero con armadura astillada y una capa hecha de jirones de niebla mantenía su espada envainada.

—Es un Sin Rostro —dijo Nami, apretando el báculo con fuerza. —No exactamente — respondió el extraño, quitándose el yelmo. Su piel era grisácea, pero sus ojos tenían un brillo humano—. Tu luz en la batalla de los cielos rompió el hechizo del Rey de las Sombras. Mi nombre es Kaelen, y una vez fui el capitán de la guardia de esta ciudad.

Kaelen explicó que el Rey de las Sombras no era un monstruo externo, sino un antiguo sabio que intentó robar la energía del Cometa Hallen para volverse inmortal, condenando al mundo a un eclipse perpetuo.

Capítulo 8 El Asalto a la Torre del Eclipse

La ciudad de Lysanthir ya no era un refugio, sino una trampa de piedra. Kaelen guio a Nami y Valthor por los pasajes secretos que rodeaban la ciudadela central. El objetivo era simple pero suicida: llegar a la cúspide de la torre antes de que el Cometa Hallen fuera totalmente consumido por la oscuridad.

—Si el cometa se apaga —advirtió Kaelen, desenvainando su espada de acero lunar—, este mundo se desprenderá del tejido de la realidad y caerá al Vacío Eterno.

De repente, el suelo tembló. Las gárgolas de la torre cobraron vida, sus ojos rojos fijados en la luz del báculo de Nami. Eran cientos.

—¡Vuela, Nami! —rugió Valthor—. ¡Kaelen y yo nos encargaremos de la retaguardia!

Nami sintió un nudo en la garganta. No quería dejarlos, pero el báculo pulsaba con una urgencia eléctrica. Corrió hacia el puente de cristal que conectaba con la torre principal. A medida que avanzaba, el Rey de las Sombras proyectó su voz sobre toda la ciudad.

"Pequeña chispa... intentas encender un sol en un océano de noche. Ríndete y te daré un rincón en mi nuevo reino de sombras."

Nami no respondió. En lugar de eso, golpeó el suelo con la base de su báculo. Una cúpula de energía pura se expandió, desintegrando a las gárgolas que intentaban cerrarle el paso. Estaba a solo unos pasos de la puerta del trono.

Capítulo 9 El Corazón de la Oscuridad

El salón del trono era un espacio infinito, donde el suelo parecía hecho de agua negra. En el centro, una figura alta y delgada, envuelta en túnicas que parecían humo líquido, observaba un mapa estelar flotante. Era el Rey de las Sombras.

—Has traído la pieza que me faltaba —dijo el Rey, señalando el báculo de Nami—. La energía del cometa es bruta, salvaje. Necesita un catalizador... una voluntad humana para ser domada. Gracias por entregármela.

Antes de que Nami pudiera reaccionar, el Rey extendió su mano y una cadena de sombras envolvió el báculo. Nami sintió cómo su fuerza vital era succionada. Pero entonces, recordó lo que Valthor le dijo en las catacumbas: "El báculo no solo ilumina el camino, ilumina tu verdad".

Ella no era la dueña del báculo; ella era parte de él.

Cerró los ojos y, en lugar de luchar contra la cadena, dejó que su propia luz fluyera a través de ella. Si el Rey quería su energía, se la daría toda, pero cargada con la pureza del Cometa.

Capítulo 10 El Renacer de Astrea

La explosión de luz fue tan potente que se vio desde los rincones más lejanos del reino. El Rey de las Sombras no desapareció, sino que se transformó. La oscuridad se evaporó, revelando a un anciano cansado y arrepentido que caía de rodillas.

—El hambre de poder es un frío que nunca se sacia —susurró el anciano antes de desvanecerse en polvo de estrellas.

Nami salió al balcón de la torre. El Cometa Hallen ya no estaba siendo eclipsado; ahora brillaba más fuerte que nunca, sus colores bañando la ciudad y devolviendo la vida a los jardines de cristal. Valthor aterrizó a su lado, sus escamas brillando con un nuevo resplandor dorado.

—Lo has logrado, Portadora —dijo el dragón con orgullo—. Pero el cometa debe seguir su curso. Y tú debes decidir... ¿te quedarás como la Reina de este nuevo amanecer, o volverás a la forja de tu padre?

Nami miró el horizonte. Vio a Kaelen saludando desde abajo, y sintió el poder que aún vibraba en su báculo. El mundo de Astrea la necesitaba, pero su corazón todavía añoraba el olor al hierro caliente de su hogar.

Epílogo El Legado del Cristal

La decisión de Nami no fue inmediata. Pasó siete días y siete noches en la cúspide de Lysanthir, observando cómo los ríos de luz volvían a fluir por los valles flotantes. Al final, comprendió que su viaje no era una huida de su hogar, sino una preparación.

Nami no regresó definitivamente a la forja, pero tampoco se quedó encerrada en el trono. Se convirtió en la Caminante de Estrellas. Con el poder del báculo y la lealtad de Valthor, creó un puente permanente entre su mundo de origen y Astrea.

Se dice que, cada vez que el Cometa Hallen se ve desde la Tierra, no es un simple fenómeno astronómico, sino Nami cruzando el velo para visitar a su padre, llevando consigo historias de dragones y reyes de sombra para contarlas junto al fuego de la fragua.

🐉 Bestiario de Astrea Las criaturas que habitan este reino:

Criatura

Dragón de Cristal (Valthor)

Los Sin Rostro

Gárgolas de Obsidiana

Espectros del Cometa

Descripción

Seres antiguos cuya piel absorbe la luz estelar. Sus llamas no queman la carne, sino que purifican el alma.

Nivel de Peligro

Guardián (Aliado)

Alto (Si están bajo control)

Medio

Inofensivo (Guía)

Caballeros caídos atrapados en un limbo de sombras. Solo una fuente de luz pura puede devolverles su humanidad.

Estatuas de vigilancia creadas por el Rey de las Sombras. Son vulnerables a las vibraciones sónicas del báculo.

Pequeñas luces que bailan en la cola del cometa. Son las almas de los antiguos Portadores que guían a los nuevos.

🗺 Mapa del Reino de Astrea



















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